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jueves, 24 de junio de 2010

La luz no brilla para todos







Blanca González/Fotos Miguel Acurero


Una ciudad llena de contrastes: así es Caracas de noche, metrópolis en la que las principales calles y avenidas se esmeran en mostrar su rostro más amable, pero cuando se va más allá de donde pasa la reina, la realidad es oscura, como una boca’e lobo.


Al recorrer las autopistas de la ciudad, no es una sorpresa observar algunos tramos sin luz, bien porque se quemaron los bombillos o porque se robaron los cables. Ya ése es cuento viejo y lo repiten los conductores casi de memoria.


Lo insólito es constatar que las zonas que mas necesitan alumbrado público, tienen los postes de adorno. “Nosotros somos quienes alumbramos la calle”, nos dice José Luis Moneró, dueño de un carrito de perrocalientes en la redoma de Petare: “Tenemos años en la misma situación. Ponen cuatro bombillos y al día siguiente se queman. La luz que ves, nos dice mostrándonos el medidor y la factura de la Electricidad de Caracas, la pagamos nosotros. No nos robamos nada”.





Y es que la luz no brilla para todos. Paradójicamente, las zonas de menores recursos suman a su largo rosario de penas, una oscuridad que ahuyenta al más pintao.


Como en el caso de El Valle y la Panamericana, donde en medio del rebullicio nocturno, justo a la hora en que regresan a sus hogares los habitantes de esas parroquias, impera una negrura sólo superada por los faros de los carros que por allí transitan.


De hecho, cada casa y/o edificio puso su propio farol para contrarrestar la oscurana; así como los escasos vendedores informales, quienes tiran un cable desde cualquier vivienda para darle luminosidad a su puesto de trabajo.


Obviamente, la inseguridad se ha incrementado en estas parroquias, cuyos habitantes ya casi están resignados a vivir en la penumbra, “aquí, después de las siete de la noche nos atracan y violan a las mujeres”, nos dice el dirigente social Alexis García, quien aguarda afuera de su casa a una amiga que va a visitarlo.


Más adelante, en la Panamericana, la situación no es diferente. Las casas iluminan las calles y la penumbra lo envuelve todo; si los carros que circulan apagaran sus luces, todo quedaría como boca’e lobo.


En San Bernardino se repite la historia, pese a que allí está la sede de la EDC. Las principales calles están alumbradas, pero las transversales viven en la penumbra.


La angustiante oscuridad solo puede verse, vivirse y sufrirse en las zonas más humildes de la ciudad, porque al parecer, la luz no brilla para todos por igual.



sábado, 12 de junio de 2010

En busca de una bala fría






Blanca González
bgonzalez@cadena-capriles.com


¡Háblame! ¡Lúcete! gritan los clientes de "Los Inmortales" a " Waperó", el más famoso perro calentero del país. Sí, porque Hernán -como es su verdadero nombre- acompañó nada menos que al pitcher de los Mets de Nueva York, el venezolano Johan Santana en una famosa cuña de malta, en la que se le vio disparando salsa a un perro caliente a un metro de distancia.

Él se jacta de que lo ha visitado cuanto programa de televisión existe: "Aquí estuvo hasta Ají Picante (Rctv)", nos lanza mientras recita su oración diaria: "Somos los mejores: tocineta/jamón/aguacate/repollo/papita/de todo/calidad/y si no le gusta/no paga nada/y si te comes la diabla/ ¡te regalo la servilleta!"

Y es que quien no ha visitado los carritos de Plaza Venezuela no está en nada, porque allí lo que hay es ambiente en "Los Inmortales", "Los Cartelúos", "Los Inquietos", "Los Panas", "El Llanero", "Los Verdaderos Inmortales" y "Los Originales" todos con su respectivo valet parking, que acomoda el vehículo del cliente y si quiere, le lleva la comida hasta el auto. Eso sí, sólo hasta las 12 de la noche.

¡A comerrrrr!
Perros calientes, pepitos, hamburguesas, enrollados y parrillas son las ofertas culinarias "express" que colman de clientes las llamadas "calles del hambre" en Caracas. Hay decenas de sitios donde comerse un "asquerosito" -como muchos los llaman- es la nota nocturna. Entre los más famosos están los de Las Mercedes, San Bernardino, Los Ruices, El Cafetal y La California.

Todos son similares, excepto en La Trinidad, donde los carritos fueron sustituidos por pequeños locales a lo largo de un bulevar rústico, construido por la Alcaldía de Baruta.

Y es que este negocio también tiene su arte, sus sitios claves, así como sus chefs autóctonos, convertidos en verdaderas celebridades, pese a que todos saben que corren un riesgo al consumir un alimento sin la debida protección sanitaria.

La rompe-dieta, el monstruo, la diabla, la inmortal, la triple bomba, 4x4, la vergataria, doble play y grand slam, son sólo algunos de los nombres que les dan a las especialidades en los famosos carritos perrocalenteros.

Pero eso no es todo, la diferencia se centra en los ingredientes que estas comidas callejeras contienen. Las típicas salsas de tomate, mostaza y mayonesa conviven con el aguacate, el queso, el maíz, la carne, la chuleta, el pollo, la tocineta y los huevos. Una deliciosa bomba que, pese a que es consumida durante todo el día, tiene a sus más fieles adeptos en horas de la noche.

La atención y el ambiente garantizan la venta, por ello, los "chefs" hacen de las suyas y ofrecen grandes tamaños, aceptan cesta tickets y los precios son más baratos. Oferta muy apetecible a la hora de meterse una bala fría.