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miércoles, 15 de septiembre de 2010

TRANSEXUALES (I) Víctimas de la discriminación








Blanca González - Fotos: Miguel Acurero/Boris Vergara
bgonzalez@cadena-capriles.com
Caracas. Viven con el trauma de haber sido despreciadas por su familia, lanzadas a la calle como basura y para colmo, etiquetadas por la sociedad por el "delito" de no sentirse identificadas con el sexo con el cual nacieron.

Son las transexuales de la Av. Libertador. Seres humanos que para sobrevivir en la penumbra en la que se convirtieron sus vidas, se prostituyen para poder obtener el dinero que las llevará a ser lo que siempre han soñado: una mujer, porque, cuentan, nadie se aventura a ofrecerles un trabajo digno.

Desde que un programa de TV sacó sus rostros al aire, su drama ha empeorado, "porque ahora la policía nos tiene a monte", señala Nicole.

Y es que, además de ser carne de cañón de cuantos transitan por la Libertador para burlarse de su condición, estas trans (como prefieren que las llamen) son vejadas, violentadas en su condición humana, por una sociedad que parece no sensibilizarse.



Pese a todo, noche tras noche, allí están. Tienen nombres, historias, carencias, pero sobre todo, sueños, metas y una nueva familia que encontraron en su nocturno deambular.

Decidimos visitarlas y mientras conversábamos, decenas de huevos fueron lanzados desde varios apartamentos en una lluvia interminable de la cual tuvimos que guarecernos.

Más adelante pudimos presenciar el momento en el que dos sujetos, desde una moto, lanzaron un foco de su vehículo, el cual impactó sobre la espalda de una de ellas, dejándole, no solo la huella de la agresión, sino también mucha sangre. "¿Lo ves?", nos dijo, asustada, Vanesa.

"He llevado tiros de la policía de Caracas, tres tiros, mira", nos dice Alondra, mostrándonos la herida que le dejó una bala en la pierna. "Y el ojo lo tengo así (casi cerrado), porque un carro me atropelló de pura maldad y ahora me tengo que operar, casi lo pierdo".

"Los policías son demasiado abusivos; nos bajan de los carros, nos quitan el dinero y nos echan paralizer para que no corramos", confiesa Leudy, quien agrega "a los clientes los montan en la patrulla y los matraquean".

No se atreven a denunciar y a emprender medidas legales. Son atacadas y nadie les presta auxilio en el sitio. Como pueden, se protegen. Eso sí, van armadas: cuchillos, navajas que empuñan en caso de emergencia, pero su mejor defensa es correr y esconderse.




BIANCO: La violencia es condenable

El sexólogo y presidente del Colegio de Médicos del Distrito Metropolitano de Caracas, Fernando Bianco, asegura que "la violencia es condenable en todos los ámbitos" y precisa que las transexuales son víctimas de personas antisociales que presentan una "desviación de la conducta machista, religiosa y/o moral".
También sostiene que en nuestro país hay una gran ausencia de educación sexual, que debe emprenderse en todos los niveles educativos, incluyendo los medios de comunicación.
Refiere que el Gobierno está sensibilizado con el tema y realizan esfuerzos para sentar las bases para futuras leyes; no obstante, no justifica la pasividad ante los ataques. "Hay transexuales muy exitosos en todo el mundo, que ejercen importantes cargos y la lucha es para que la gente lo comprenda", destacó.


Hablan los vecinos

Los residentes de la Avenida Libertador, en la zona donde operan las transexuales, difieren en cuanto a sus opiniones acerca de estas chicas, hay quienes aseguran que son "unos malandros con tetas" y otros afirman que lo único que les critican es que se desnuden en las puertas de los edificios: "¿Cómo le explico a mis hijos que hace esa mujer ahí, desnuda?". Todos refieren que nunca han tenido problemas con ellas, "aquí el peligro es la delincuencia, cualquiera que ande por aquí, puede ser herido".

sábado, 29 de mayo de 2010

La calle es un bar




Blanca González/Fotos Miguel Acurero
bgonzalez@cadena-capriles.com

Tun, tun, tun… las cornetas retumban en las calles y avenidas repletas de carros y motos, donde los panas improvisan su propio sarao los viernes en la noche.

Compartir con los amigos es la premisa. ¿Dónde? En cualquier parte. Total, “estamos dos horas aquí y nos vamos pa’la playa”. Un predespacho pues, para luego lanzarse a la aventura de bailar reguetón, merenguito, salsa o tecno ¡hasta que el cuerpo aguante! Las bebidas espirituosas no pueden faltar, y para ello, una vaca es la mejor opción. “¿Una disco? ¡Tas loca! Es buuurda de caro”.

No es cuento: ¡la calle es un bar! De punta a punta de la ciudad, los viernes en la noche la gente resuelve cómo divertirse. Desde los chamos hasta los de la juventud prolongada montan su propio escenario. Eso sí, no falta la música, el baile, la cava repleta y hay hasta quienes se llevan su parrillera para comer su carnita.

No hay contraste entre un punto y otro de la ciudad, la única diferencia es que en el Este son difíciles de encontrar y prefieren amenizar su reunión con licores blancos y cervezas; mientras que en el Oeste, además de la espumosa, pulula el escocés de entre 12 y 18 años.


Recorrido. Diez de la noche. Av. Principal de San Martín. Ya no hay colas, y mientras la ciudad se esconde bajo las penumbras, cientos de personas permanecen en las calles para armar una rumbita con los amigos y ¡sin miedo a ser atacados por el hampa!

Jóvenes, mujeres, niños… es una multitud que baila, ríe y conversa. A su lado, los vehículos con las maletas abiertas compiten en sonido a ritmo de reguetón. Elegir a quién abordar no es tarea fácil ante tan variopintos grupos; no obstante, cuando advierten la presencia de un extraño, todos dan la cara.

“¿Que cómo nos divertimos? ¡Así, en la calle! Ya los tiempos de irse a bailar a una discoteca pasaron. De esta manera es más barato y pueden participar todos los panas”, nos ataja Pedro Blanco.

Y es que al parecer la calle es buena para todo, desde conversar, bailar y hasta celebrar un cumpleaños. “¿Y el hampa? Nadie se mete con nosotros porque somos de la zona y nos conocen”, dice Blanco.

Seguimos rodando y nos encontramos con la propia rumba ambulante. “Estamos aquí por primera vez. Somos gente sana, cero drogas… campaneamos un güisquicito y… ¿bailamos ésta?”, nos sorprende Anthony Durán.

Después de movernos al ritmo de Los Cadillac’s y Wisin & Yandel, decidimos proseguir el recorrido, esta vez hacia el este de la ciudad. Fue difícil, pero no imposible, hallar los “point” (puntos de encuentro) de ese lado de Caracas.

“De vez en cuando nos molesta la policía, pero nos revisan y saben que no consumimos drogas. Ya nos conocen”, nos dice Raúl Yépez.

Son distintas caras e historias, amparadas bajo el manto de las estrellas en una ciudad en la cual, en cuanto cae la noche, ¡se prende la rumba! y la calle se convierte en un bar.